90 minutos.
—La verdad es que la reunión ha sido un auténtico asco, ¿me salvas?
—Tengo un plan que te gustará, pero es secreto, no puedo decirte que vamos a hacer magdalenas en casa.
—Apenas tengo 2 horas y mañana salimos antes de las 7. No seas locuras.
—Me sobra con una hora y media para demostrarte mis dotes culinarias, sube al coche.
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Y no sólo hemos hecho magdalenas. Ha habido tarde para reír, conocer a su gato, hablar de Italia, intentar hacer el reto de la canela, saber que le encanta el sushi, robarle el peluche de Digimon, hacer que me odie, tontear, limpiar la canela del sofá, babear, seguir tonteando, darme cuenta de que no tiene ni idea de hacer magdalenas, prohibirle que me llame cagón, mordernos, hincharnos a Mikados y obligarle a traerme a casa.
Y no, no he probado las magdalenas.
Nada de tríos.
«..y el barco se hundió, pero yo me agarré a una tabla de salvación que impidió que me hundiera definitivamente y no he de soltarme ni por ti, ni por nadie. Si quieres también puedes agarrarte, pero sólo hay sitio para ti y para mí, nada de tríos.»






